“Para seguir viviendo”

El 2 de julio de 1986, militares chilenos al servicio de la dictadura de Augusto Pinochet quemaron a los jóvenes Carmen Gloria Qintana y Rodrigo Rojas de Negri.

carmen gloria y rodrigo rojas

La historia de Gloria y Rodrigo en Chile fue conocida como el “Caso Quemados», en contexto de la lucha callejera contra la dictadura militar de Augusto Pinochet.


19 de septiembre de 2025 Hora: 08:46

    🔗 Comparte este artículo

  • PDF

Ana ha viajado de España a Chile para conocer su historia. Es que viene de un lugar donde, con frecuencia, el olvido es adversario de la memoria. Allí, donde el gran tema relacionado con “las víctimas del franquismo”, tiene un pacto de silencio institucionalizado por la Ley de Amnistía de 1977. Donde resulta cada vez más difícil, acercar a las nuevas generaciones al conocimiento de la historia de sus propios padres.

Ana se toma un café frente al Palacio de La Moneda y todo le recuerda a la resistencia del presidente de Chile (1970-1973) Salvador Allende, aquel fatídico 11 de septiembre, cuando el golpe de Estado sacudió a la sociedad chilena. Todavía están en la retina las imágenes del bombardeo al Palacio de La Moneda y aquella puerta de Morandé 80, por donde sacaron el cadáver del presidente Allende.

Ana acaba de aprenderse un nombre, está fascinada con la historia y me la cuenta. Una muestra fotográfica que incluye las últimas imágenes tomadas por un joven de 19 años, en la población Los Nogales, que la ha llevado a meditar sobre los horrores del fascismo instaurado en Chile.

“Diásporas del exilio”, fue la exposición -inédita- de Rodrigo Rojas De Negri, exhibida durante casi dos meses en el Museo de la Memoria y los DDHH. La galería pública aborda un período sobre el que todavía no hay consenso y que sigue generando conflicto en la sociedad chilena. “Por lo menos hablan de ello”, dice Ana.

En el recinto se cuenta esa parte de la historia de Chile, los horrores de Pinochet (…), y la intervención de Estados Unidos. El museo estáubicado en la comuna de Santiago desde 2010, año de su inauguración por la presidenta Michelle Bachelet, quien también fuera víctima de tortura de la dictadura. Da a conocer las violaciones sistemáticas de los derechos humanos por parte del Estado de Chile, entre los años 1973-1990.

En su propósito recurre a la reflexión ética sobre la memoria, para fortalecer la voluntad nacional de que “Nunca Más” se repitan hechos como estos, que afecten la vida y la dignidad del ser humano.

Rodrigo y Gloria

Había invierno en Santiago de Chile de 1986, cuando se preparaba para un paro nacional en contra del Gobierno de facto del general Augusto Pinochet. En muchos sectores de la población, se prepararon los grupos políticos opositores. La respuesta del régimen para mantener el control fue enviar a los militares a patrullar las calles.

Durante la mañana del 2 de julio en el barrio de Los Nogales, comuna de Estación Central de Santiago, un pequeño grupo de personas montaron barricadas en un sector estratégico. Desde esta posición se había sumado para cubrir la noticia del paro el fotógrafo Rodrigo Rojas de Negri, quien prestaba servicios para una agencia internacional.

A las ocho de la mañana, la brigada de jóvenes que portaban pocos neumáticos usados y un bidón de gasolina, fue interceptada -en la esquina de Avenida General Velásquez, con calle Germán Yungue- por parte de la Unidad Fundamental Antisubversiva.

La patrulla militar del Regimiento de Caballería Blindada N°10 «Libertadores» estaba comandada por el teniente Pedro Fernández Dittus e integrada por 5 suboficiales, 17 soldados y 3 civiles. Ante la sorpresa, la mayoría de los jóvenes escaparon, con excepción de la estudiante Gloria y Rodrigo, el fotógrafo.

Cara a cara frente al grupo de militares con camuflaje, los dos jóvenes fueron acorralados, golpeados y rociados con combustible. Sin más, les prendieron fuego. Esos jóvenes eran Carmen Gloria Quintana de 18 años y Rodrigo Rojas de Negri, de 19.

Del testimonio de Carmen Gloria, se supo lo siguiente: “A Rodrigo lo sometieron y lo patearon en el suelo. A mí me tomaron, me revisaron por todas partes, me pusieron contra la pared. Me preguntaron qué andaba haciendo, les dije que iba a estudiar a la universidad. Me revisaron los documentos y me los quitaron”.

carmen gloria quintana.jpg
Carmen Gloria Quintana tenía 18 años cuando fue quemada por militares de la dictadura chilena.

Después de insultarla y de pegarle en la espalda con la punta de la metralleta, el miedo invadió a Gloria que asustada, no paraba de llorar. Mientras algunos militares se comunicaban por sus aparatos, otro grupo de ellos permanecían en la esquina, donde estaban los neumáticos. «En esto andaban», les dicen los militares en actitud intimidante, sosteniendo el bidón de bencina.

El jefe, teniente Pedro Fernández Dittus, tomó el bidón y comenzó a vaciarlo desde la cabeza de Gloria, de pie, pegada contra la pared. “Y a Rodrigo lo rocía como a una planta, porque él estaba tendido en el suelo, sangrando”, precisó Gloria, quien en aquel momento lo vio como una manera de humillarlos y luego dejarlos libres, pero jamás le pasó por la cabeza que la idea era quemarlos.

“Repentinamente ellos nos tiran un aparato incendiario que explota y yo me convierto en una antorcha humana. Y Rodrigo también”.

En un intento desesperado, Gloria trata de apagarse con las manos y comienza a dar vueltas por el suelo, con la idea de mitigar las llamas. “Entonces siento que alguien me tira una frazada encima, me envuelven y me ponen en la parte de atrás de un camión. Después de eso yo pierdo la conciencia”.

De acuerdo con la declaración de Guzmán (testigo de excepción, cuya actitud fue decisiva para el posterior esclarecimiento de los hechos), tras ser rociados con combustible, quien los encendió fue otro de los oficiales a cargo de la operación: el entonces teniente Julio Castañer, también procesado posteriormente por homicidio por el juez Carroza. «El fuego lo inició el teniente Castañer con el encendedor».

«Cuando estaban en el suelo, escuché que el teniente Castañer le decía a Fernández, que lo mejor era matarlos, pero este último dijo que no, porque él era católico», declaró posteriormente Guzmán ante la justicia.

La madre

«Ese 2 de julio de 1986, supe que algo andaba mal porque se me perdieron las llaves. Esa siempre ha sido una mala señal. Llamé a un maestro para que abriera el auto, porque las llaves estaban dentro. Estuve dos horas en eso y luego partí al terreno. Yo trabajaba en el departamento de recursos humanos de una ciudad cercana a Washington. Cuando volví a la oficina, había varios papeles rosados en mi escritorio, con notas sobre llamadas desde Chile. Rodrigo había viajado a Santiago por primera vez y hablábamos con cobro revertido, cada dos días», dijo la madre de Rodrigo al diario La Tercera.

Verónica De Negri reconoce que su vida “ha sido una tortura». Recuerda su militancia desde los años 1960, en el Partido Radical de Chile, el cual después de su derechización le resultó asqueroso. “En 1963 conocí a Salvador Allende, a quien los jóvenes radicales apoyamos, y fuimos la causa de que entonces se quebrara el partido. Allende se juntó con nosotros y nos retó. Nos dijo que las peleas políticas se daban dentro de los partidos, no por fuera”. Ante una pregunta de qué es ahora, respondió: “Comunista a partir del 70 y hasta ahora”.

Verónica y su hijo Rodrigo vivían en la casa de su mamá en Valparaíso cuando se produjo el golpe de Estado en 1973, en Chile. Casualmente, Rodrigo andaba de vacaciones en Canadá, donde residían su abuela y su tía Nora, cuando en el verano de 1976 detuvieron a Verónica junto a otros miembros del Partido Comunista. Fue torturada, violada y separada del hijo menor, que había parido en plena dictadura.

«Pablo, mi segundo hijo, tenía quince meses cuando nos embarcamos en un vuelo de Braniff rumbo a Dallas, Virginia del Norte, el 15 de abril de 1977. Yo era su mamá, pero él no me conocía, porque habíamos estado separados varios meses por mi detención. Recién ahí, en el avión, pude llorar y entender lo que significaba salir al exilio, dejar mi país a la fuerza, estar separada de Rodrigo que seguía en Canadá, y empezar una nueva vida en calidad de asilada política, a prueba por dos años en Estados Unidos, dadas las gestiones de Edward Kennedy».

Posteriormente logró reencontrarse con Rodrigo en Washington, a fines de 1977, pero la vida no les fue fácil. Para describir a su hijo Rodrigo, contó que leía desde los 3 años, a los 6 tenía sus propias ideas. A los 11 llevó el maletín con todos los detalles del asesinato de Orlando Letelier a Saul Landau, autor de Assassination on Embassy Row, tal como se cuenta en la versión en inglés del libro. Rodrigo era estudioso de la historia de Chile y del mundo, un joven muy motivado, incluso hacía traducciones a las compañeras de las agrupaciones de derechos humanos.

“Los partidarios de la dictadura siempre supieron dividir para reinar e hicieron una diferencia de trato entre Rodrigo y Carmen Gloria, desde el comienzo. Así actuaban para quebrarnos, pero yo no me rindo. A mí no me destruirán, porque soy una mujer que sabe amar”.

Aquel día

El 2 de julio de 1986, Rodrigo Rojas De Negri, junto a Carmen Gloria Quintana, fueron quemados vivos por una patrulla del Ejército, cuando participaban en una manifestación en la comuna de Estación Central, contra el régimen de Augusto Pinochet.  A los militares participantes, los obligaron a un pacto de silencio, mientras los medios de prensa nacionales dieron una versión oficial del Gobierno de facto de Pinochet: cuando Quintana y Rojas fueron detenidos, llevaban algunas de las bombas molotov que se rompieron y explotaron, prendiéndoles fuego accidentalmente. Solo algunos medios internacionales dieron la versión de Gloria, posteriormente.

Gloria despertó cuando los militares los estaban tirando en una zanja seca y sintió cómo  arrojaban otro cuerpo, pero aterrorizada, no reaccionó. “Rodrigo me empieza a mover para que despierte. Nos levantamos y lo miro: tenía toda su cara negra, le faltaba la mitad del pelo. Me empiezo a reconocer y veo toda mi ropa oscura y mis manos negras». Y le digo a él: «Mira como nos dejaron estos desgraciados». Y él se queda callado.

rodrigo rojas denegri.jpg
El joven fotógrafo Rodrigo Rojas no logró sobrevivir. Tenía un 70 % de la superficie de su cuerpo quemado y falleció cuatro días después de ser incinerado por militares golpistas.

Los dejaron en un camino campestre de polvo y tierra, por lo que tuvieron que caminar buscando la calle, cuando se percataron de que estaban cerca del aeropuerto, mientras intentaban detener algún auto. “Pero, yo creo que los conductores de los autos se asustaban al ver nuestra imagen de zombies”, dice Gloria.

Al poco rato se les acercó una patrulla de policía y Rodrigo le advierte a Gloria que no diga nada: “nos pueden hacer desaparecer”. Quedan en silencio y observan que había obreros de la construcción en las proximidades de la comuna de Quilicura, en la periferia de la ciudad.

Mientras, los policías llaman a una ambulancia que nunca llegó. Son aquellos obreros los que improvisan una camilla de ladrillos y Gloria se recuesta. Transcurrió como una media hora. “Yo tenía tanta rabia que le digo a la Policía: Tíreme un balazo por favor, para no seguir sufriendo». Ante sus palabras, el policía detiene a un vehículo civil y los llevan a un consultorio médico cercano.

Gloria le contó todo lo sucedido a la enfermera, que le preguntó a quién avisar sobre su estado: “Yo le digo: Sí, a mis papás”. Después los transportan a la Posta Central, un hospital más grande de Urgencias en Chile.

“No sé qué más ocurre conmigo. Sé que estuve en coma, que me hicieron muchas operaciones de trasplante de piel, donaciones de sangre. Fue un período muy oscuro para mí, porque es como que hubiera estado muerta todo ese tiempo. Después reconstituí la historia, por lo que mis padres y mis amigos me han contado. Yo tenía el 65 % de mi cuerpo quemado, también con quemaduras de segundo y tercer grado”.

funeral rodrigo rojas.jpg
Funeral de Rodrigo Rojas.

En el año 1986, Lucía Hiriart de Pinochet, la esposa y viuda de Augusto Pinochet, pronuncia una polémica frase: “para qué se queja tanto esta niña, si se quemó tan poco”, haciendo referencia a Carmen Gloria Quintana.

Rodrigo Rojas no logró sobrevivir. Tenía un 70 % de la superficie de su cuerpo quemado y falleció cuatro días después.

La fuerza me la dio la rabia

Al principio, Gloria se resistía a mirarse en un espejo. Estaba completamente inmóvil.

“Cuando llegué a Canadá no podía caminar, ni usar las manos. Tuve que crear nuevamente músculos en mis piernas, para volver a caminar”. Durante los primeros años le hicieron 40 operaciones. “Volví a Chile el año 1988, yo creo que ahí me operé unas dos veces más, pero ya tenía fobia al olor de la anestesia. Dije que ya era suficiente, ya no quería nada más”.

La prensa oficialista y las presiones del Gobierno primeramente intentaron negar los hechos y luego mantener vigente la versión militar frente a los reclamos de organismos de derechos humanos.

“La fuerza me la dio la rabia, saber que tanta gente había muerto y no tenía voz para denunciar lo sucedido. Yo me sentí una portavoz de toda esa gente”. Gloria comenzó a contarlo todo, a denunciar la situación de la violación de los derechos humanos que vivían en Chile. “Viajé a EE.UU., Francia, a las dos Alemanias, Bélgica, Suiza, Suecia, Australia y a algunos países de Latinoamérica. Me convertí en una especie de vocera de la situación de derechos humanos en Chile”.

Donde se perdió el agua

Rodrigo Andrés Rojas De Negri, con sus 19 años de edad, era un inquieto fotógrafo que habitualmente residía en los Estados Unidos y había llegado a Chile apenas seis semanas antes de los hechos, que terminaron en su muerte el 6 de julio, en la Posta Central. Se convirtió en una nueva víctima de la dictadura militar chilena, otra grave violación a los derechos humanos, porque su muerte se produjo como consecuencia directa de las acciones u omisiones ilícitas de los efectivos militares.

Rodrigo Rojas De Negri fue obligado a vivir en el exilio desde muy temprana edad, en la ciudad de Washington D. C., Estados Unidos, por lo que la exposición incluye fotos captadas por De Negri en ciudades norteamericanas, como Washington (Estados Unidos) y Quebec (Canadá).

El peso mayor de la muestra lo lleva Chile, porque en su ansia de redescubrir a su patria, logró imágenes que retratan principalmente las movilizaciones sociales y las vivencias que tuvo en la comuna de Estación Central. Hoy forman parte del Fondo Verónica De Negri y es resultado del proyecto “Archivo Rodrigo Rojas De Negri”, Fondart Regional, convocatoria 2015, sustentada en valores de verdad y justicia.

El compromiso de Rodrigo con los derechos humanos fue evidenciado en su vínculo con la comuna de Santiago, que tomó el nombre por situarse allí la Estación Central de Ferrocarriles (finales del siglo XIX) y que actualmente es la segunda del área metropolitana en cantidad de migrantes y habitantes extranjeros, que preserva parte importante de la historia y la lucha comunal. La Estación Central, antiguamente era conocida como Chuchun-co (Mapuche) que quiere decir: ‘Donde se perdió el agua’.

La historia de Gloria y Rodrigo en Chile fue conocida como el “Caso Quemados», en contexto de la lucha callejera contra la dictadura militar de Augusto Pinochet. En su homenaje, este año fue bautizada con su nombre la calle donde fueron detenidos, en la barriada de Los Nogales. Como cada año, también se celebra un acto para rendir tributo a las víctimas, en el que participan dirigentes políticos, defensores de los derechos humanos y vecinos de esa municipalidad.

Tardíamente

La resolución del juez fue dejar en libertad a los militares implicados, mientras los testigos y los abogados de las víctimas recibieron amenazas de muerte, tres de los cuales debieron abandonar el país.

Ante las críticas y presiones internacionales, el 3 de enero de 1991, un tribunal militar solo encontró al oficial Fernández Dittus culpable de negligencia, por negar asistencia médica a Rojas y lo exonera de cualquier responsabilidad en la incineración de Quintana.

En 1993 la Corte Suprema condena a Fernández Dittus a 600 días en prisión, por su responsabilidad en la muerte por quemaduras de Rojas de Negri y las quemaduras serias recibidas por Quintana.

En octubre de 2000 un tribunal ordenó, que en compensación a los daños causados, el Estado chileno le pagara 251.7 millones de pesos a Carmen Gloria Quintana (sobre U$ 500.000).

En julio de 2015, el ministro Mario Carroza dictó siete órdenes de detención en contra de funcionarios militares involucrados en el caso. En ese momento fue señalado Fernando Guzmán Espíndola como un testigo clave. Fue uno de los soldados de la patrulla militar, que aportó los antecedentes definitivos para avanzar en la resolución del caso. Así se confirmó  que fue el teniente Julio Castañer González quien dio la orden directa. El exsoldado reconoció que fue presionado a dar una declaración falsa a la justicia militar.

Para el 2019, el ministro Carroza condenó a once militares en retiro por los delitos de homicidio calificado, respecto de Rodrigo Rojas de Negri, y homicidio calificado en grado de frustrado, respecto de Carmen Gloria Quintana. La sentencia condenó como autores a Julio Ernesto Castañer González, Iván Humberto Figueroa Canobra y Nelson Fidel Medina Gálvez, a diez años y un día de presidio.

Mientras que Luis Alberto Zúñiga González, Jorge Osvaldo Astorga Espinoza, Francisco Fernando Vásquez Vergara, Leonardo Antonio Riquelme Alarcón, Walter Ronny Lara Gutiérrez, Juan Ramón González Carrasco, Pedro Patricio Franco Rivas y Sergio Hernández Ávila, fueron condenados como cómplices a la pena de tres años y un día de presidio, con el beneficio de la libertad vigilada.

En marzo de 2022 fueron aumentadas las penas dictadas contra los condenados, al modificar la sentencia por la Corte de Apelaciones de Santiago. En relación con los autores de los delitos, las condenas fueron modificadas a veinte años de presidio.

En ese momento, también la Corte rechazó la excepción que había absuelto a Pedro Fernández Dittus en primera instancia, quien también fue condenado como autor. En enero de 2024, la Corte Suprema sentenció a 10 militares en retiro involucrados como autores y cómplices de los delitos.

Gloria, la sobreviviente en lucha contra las injusticias y frente a sus propias sombras, logró concebir tres hijas, que son su mayor motivación de vida.

A Ana, inspiradora de este relato, le regalamos la canción que el grupo musical chileno Illapu le dedicó a Rodrigo Rojas: “Para seguir viviendo”, insertada en el disco homónimo del año 1986, porque el jovencito e inquieto fotógrafo, quedó más allá de sus imágenes, en la memoria de su pueblo.

(…) Las llamas que trae el viento
Y que mi sudor no apaga
Levantan una muralla
Con bencina y con metralla (…)
Rodrigo Rojas en llamas
Tu voz seguirá viviendo…
 

Autor: teleSUR - Rosa María Fernández